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Obesidad: Alarmante crecimiento en la Argentina

Se estima que en nuestro país cerca de un 20% padece de obesidad entre los 7 y 14 años, mientras que otros tanto tienen sobrepeso. Si bien es importante el tema alimentación, se adjudica la causa de su alto crecimiento a la vida sedentaria de los chicos de las nuevas generaciones.

 
 
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Obesidad: una carrera de regularidad contra el sobrepeso


Se sabe que la obesidad no es solamente un problema de acumulación de grasa con sus consecuencias para la salud. También tiene un nocivo correlato psicosocial: la estigmatización que sufren cotidianamente es lo que genera psicopatías en los obesos.
Por María Farber.
Aquello del “gordito feliz” está cada día más alejado de la verdad. Si alguna vez fue motivo de discusión, ahora puede decirse con rigor que la obesidad es una enfermedad. Más aún, la OMS la declaró epidemia en todo el mundo, y en la Argentina, según estadísticas de los últimos años, arriba del 50 por ciento de la población tiene problemas de sobrepeso o sufre directamente obesidad. La obesidad no sólo expone a quien la padece a una larga lista de enfermedades, como cardiopatías, hipertensión arterial y diabetes, sino también a psicopatías como la depresión y la ansiedad, que en estos casos están asociadas a trastornos de la conducta alimentaria o distorsión de la imagen corporal.

No es poco relevante en términos de salud: una persona gorda hoy por hoy vive en una sociedad que estigmatiza al obeso. “Esto trae consecuencias en la autoestima, alteración en sus relaciones interpersonales, menos posibilidades de acceso a los mejores trabajos, a las mejores parejas y a mantener esa pareja. Hasta lo más sencillo, como ir a un negocio y comprar ropa se convierte en una experiencia muy frustrante porque no hay talles”, explica Horacio Orlando, médico cardiólogo y psicoterapeuta especializado en obesidad, miembro de la comisión directiva de Sociedad Argentina de Obesidad y Trastornos Alimentarios (SAOTA).

Una de las cuestiones que se discutieron con fervor en el campo psicológico fue la existencia o no de una psicopatía específica y determinante de la obesidad. “No se puede definir una condición psicopatológica específica”, señala Rubén Zukerfeld, médico psicoanalista, miembro de la Sociedad Argentina de Psicoanálisis (SAP) y profesor del Instituto Psicosomático de Buenos Aires (IPBA). “Existen obesos con y sin psicopatía. No hay un trastorno propio del obeso. Pero es necesario contextualizar la obesidad en los núcleos urbanos occidentales porque es donde se producen consecuencias psicológicas que no se dan en otros ámbitos. En este contexto es cierto que depresiones y ansiedades se dan con más frecuencia en pacientes obesos que en personas que no lo son, porque, por ejemplo, en la ciudad de Buenos Aires el ser obeso implica un grado de marginación que trae consecuencias psicopatológicas”.

En este punto, indica la licenciada María Teresa Panzitta, psicóloga especializada en trastornos alimentarios de obesidad del Hospital Durand y la Fundación Favaloro, “los gordos viven sentimientos de desvalorización cotidianos, todos se enfrentan a la misma presión social, lo que no quiere decir que todos la elaboren de la misma manera”. Así, de acuerdo a su historia personal y en combinación con los conflictos generados por un medio social hostil, la persona obesa puede o no desarrollar una psicopatía y en algunos casos trastornos alimentarios. Según Zukerfeld, entre un 25 y 30% de las personas obesas desarrollan un síndrome de comer compulsivo o por atracones.

A la estigmatización social hay que sumar las innumerables dietas mágicas y no tanto que se ofrecen en el mercado, y el otro buen número de intentos sin éxito que probablemente haya realizado la persona que necesita adelgazar. Entendiendo la obesidad como una enfermedad crónica, lo común es que se logre una reducción del peso seguida de una recuperación de ese mismo peso y, seguramente, de algunos kilos más. Así, entre remisiones y recidivas, el peso sigue una línea ascendente y en forma directamente proporcional se multiplica la frustración.

Lo explica Panzitta: “Se aplican durante años dietas hiperrestrictivas, al paciente le resulta imposible seguirlas por razones psicológicas y porque el plan es poco sustentable en el tiempo. El no poder cumplir con la expectativa del discurso médico es vivido como responsabilidad exclusiva del paciente y no es así. Aparece el “no se quiere cuidar”. Se admite que la obesidad es una problemática compleja, pero se la pretende resolver con un plan alimentario”.

Es que cuando se dejan de lado las cuestiones biológicas de la obesidad, y se apelan a las psicológicas, prevalece la idea de que se es gordo por voluntad. “Está internalizada la idea de que el obeso es gordo porque quiere y porque es un descontrolado”, dice Orlando.

Dietas no restrictivas, propone Panzitta, “porque al bajar la restricción baja la avidez” la posibilidad de elegir sus comidas junto a una “reeducación nutricional”, sugiere Orlando. Y sobre todo contener psicológicamente, dar herramientas para apuntalar la autoestima y evitar que los pacientes se abandonen, abandonen el tratamiento y vuelvan a engordar. Porque, dice Orlando, “la obesidad no es una carrera de velocidad contra el peso, es una carrera de regularidad. En la constancia está el éxito”.




Fuente: Diario "Clarín", Argentina

Marzo 16 de 2005
 
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