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Delegación VILLA MERCEDES
Enfermos imaginarios

Todos los médicos los reconocen.
El hombre que descubre una contusión en su muslo y se convence de que es leucemia. La mujer que examina sus senos con tanta frecuencia que se vuelven sensibles y luego decide que la inflamación significa que tiene cáncer.
 
 
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Hipocondría: uno de cada diez pacientes “son enfermos imaginarios”
Según el jefe de consultorios externos del Hospital de Clínicas, casi un diez por ciento de las consultas que reciben están ligadas a la hipocondría. Tratarla ha sido uno de los más duros rompecabezas de la medicina y es un alto costo para el sistema de salud del país.

Mariana Nisebe. De la Redacción de Clarín.com
Si sienten un dolor en el pecho, piensan que es un infarto; si les duele el estómago, nunca es algo pasajero, casi seguro es un tumor. Así reaccionan los hipocondríacos, creyendo siempre que su enfermedad es grave aunque no tengan ningún dato de la realidad que sustente su desmedida preocupación. Por lo general, quienes sufren este trastorno, no tienen conciencia de su problema y comienzan un peregrinaje médico en busca de explicaciones que nunca los satisfarán. Ni los análisis ni el diagnóstico médico los tranquiliza, por lo que la curación prácticamente inalcanzable. Y muchas veces se la agarran con el médico, a quien acusan de fallar para luego intentar con otro que, oh casualidad, tampoco acertará.

El problema, más allá del humor con el que se lo toman algunos personajes de Woody Allen, no resulta para nada gracioso. “Los pacientes que padecen de hipocondría están convencidos que sufren de un problema físico, van de un médico a otro ("doctor shopping") y rehúsan la asistencia de un especialista en Salud Mental (psiquiatra o psicólogo)”, explica a Clarín.com el médico psiquiatra Luis Mariani, Presidente de la Asociación Latinoamerica
na de Psiquiatría y Psicología Clínica (http://www.alppc.org"; target="_blank">Alppc). “Lo mejor sería capacitar al médico clínico, para evitar la agresión y frustración que puede sentir un pacienta cuando se los deriva al psicólogo o psiquiatra”, dice el doctor Jorge Franco, Jefe de consultorios externos del Dep. de Salud Mental del Hospital de Clínicas.

Franco reconoce que hasta un 9 por ciento de los pacientes que pasan por los consultorios externos del Clínicas, son hipocondríacos. Un dato que puede corroborarse fácilmente en comparación con varias estimaciones internacionales que sitúan en el 10 y 20 por ciento los gastos anuales en salud que se destinan a enfermos que, en realidad, no están enfermos. Según el diccionario de la Real Academia Española la hipocondría es "una afección caracterizada por una gran sensibilidad del sistema nervioso con tristeza habitual y preocupación constante y angustiosa por la salud". Un trastorno en el que la persona interpreta síntomas somáticos de depresión y ansiedad como enfermedad.

El tratamiento dentro de la psicología clásica busca reeducar al paciente, separándolo de todo aquello que le recuerde sus enfermedades, solicitándole que no acuda a ningún médico ni se haga atender por ningún servicio asistencial, que deje de hablar de enfermedades, y que tampoco consulte publicaciones medicas, libros, Internet o revistas. De esa manera, se busca romper el círculo vicioso de ansiedad. También existe un tipo de terapia conversacional y en algunos casos hasta se medica al paciente con antidepresivos, aunque este recurso es resistido por varios médicos. “La esperanza es que, con un tratamiento efectivo, la diagnosis de hipocondría sea aceptada cómo un diagnóstico médico y que no se convierta en una causa de risa o vergüenza”, le dijo al diario estadounidense The New York Times, el Dr. Arthur Barsky, uno de los impulsores de los tratamientos conversacionales.

”Entre los problemas que trae aparejados la hipocondría, figuran los riesgos a los que se exponen los pacientes con tantos análisis innecesarios e incluso, a veces, cirugías” le dijo a Clarín.com el doctor Franco. Otro punto a tener en cuenta es que el paciente no sufra otro trastorno mental al mismo tiempo. El doctor Mariani afirma que dos tercios de los hipocondríacos también tienen otros desórdenes psiquiátricos. “Hay estudios que sugieren que el 40 por ciento sufre de depresiones profundas, del 10 al 20 por ciento tiene desórdenes de pánico y entre el 5 y el 10 por ciento desórdenes obsesivo-compulsivos”, dice Mariani. En los casos más extremos, los pacientes pueden preocuparse por su salud hasta tal punto que tienen conductas equivocadas o quedan totalmente bloqueados por el miedo.

La hipocondría tiene una historia interesante. Los antiguos griegos utilizaron la palabra hipocondría para describir los síntomas de malestar digestivo combinados con melancolía que creían que provenían del bazo y otros órganos del hipocondrio, región situada bajo la caja torácica. Se pensaba que el desorden sólo afectaba a los hombres. Los síntomas inexplicables en las mujeres se atribuían a la histeria. Esta visión prevaleció durante 2000 años hasta que los médicos del siglo XVII advirtieron que probablemente los temores hipocondríacos podrían originarse en el cerebro y no en el cuerpo y que afecta a hombres y mujeres por igual. Ya en el siglo XIX, Darwin se preocupaba por sus inexplicables palpitaciones, cansancio y temblor en sus dedos, que aparecían, ¡o casualidad!, cuando discutía sobre su nueva teoría de la evolución. Hoy, en el siglo XXI, la hipocondría sigue siendo un mal difícil de tratar.


Fuente: Diario "Clarín", Argentina

Mayo 11 de 2004

 
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